lunes, 14 de marzo de 2011

MENSAJE DOMINICAL - PREDICADO POR LEANDRO GONZALEZ - PASTOR DE LA PRIMERA IGLESIA BAUTISTA DE MAO - REPUBLICA DOMINICANA

EL CARNAVAL A LA LUZ DE LA BIBLIA

2 Corintios 11:14

“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”.

Uno pensaría que por ser el carnaval algo común en todas las culturas de la tierra, es algo bueno e inofensivo. Queremos dejar bien claro que el carnaval no es algo inofensivo, no es una simple actividad lúdica, no es un simple juego para entretenerse. El carnaval tiene un origen pagano. Su origen se remonta a las fiestas que se hacían en honor a Baco, el dios del vino, el dios de las orgías; y posiblemente también deba su origen a las fiestas que se celebraban en honor al buey Apis en Egipto.

Los elementos comunes en estas fiestas de los primeros meses de cada año, que por lo general se celebran antes de la llamada cuaresma, que celebran los católicos, es la permisividad y el descontrol. Esta es una costumbre introducida en el mundo cristiano por los católicos, en su empeño por el sincretismo religioso, tratando de reconciliar lo irreconciliable, la luz con las tinieblas, lo cual ha traído más oscuridad a nuestra cultura.

Este es un tiempo en el cual las personas quieren hacer honor a la mala exégesis o desviada interpretación que se ha hecho del versículo bíblico de Romanos 5:20, que dice: “mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”; ya que se infiere de él: “pequemos más, para que seamos perdonados más”. Por esta causa se insta a la feligresía por acción u omisión a dar riendas sueltas a todas sus bajas pasiones, antes que llegue el tiempo de la llamada semana santa, porque, según se cree, esta semana tiene que ser un tiempo de recogimiento y de pedir perdón.

En muchos países se celebran grandes comparsas de carnavales que deslumbran a cualquiera. El carnaval de Brasil es el más famoso, tanto por su vistoso colorido como por sus atrevidas exposiciones. En nuestro país dominicano también la gente da riendas sueltas a su imaginación, mezclando estas fiestas con un gran derroche de manifestación artística de toda índole; a tal grado, que se considera el carnaval como un icono de la cultura y del folklore nacional, con una connotación cuasisagrada. A tal punto que quien se atreva a opinar en contra, queda excomulgado moral y literalmente de la sociedad y de la iglesia oficial.

Aunque en los últimos años la iglesia católica ha tratado de separar muchas de las fiestas populares de las netamente religiosas, como las fiestas patronales; de todas formas, tanto el carnaval, que es una fiesta del pueblo, así como las fiestas patronales, que son fiestas de la iglesia en honor a los ídolos locales, auspiciadas por el santoral católico y sus múltiples devociones, son manifestaciones carnales que nada tienen que ver con el espíritu bíblico y cristiano.

Muchas de las cosas que vemos en nuestra cultura se estrellan trágicamente contra el pensamiento de santidad y pureza exigidas por el Señor Jesucristo en su palabra, y no importa quien las defienda, por ello no dejan de estar fatalmente equivocados. Por esta razón quiero que veamos los siguientes tres puntos.

1.- El Carnaval No Es Una Fiesta Cristiana.

Como ya hemos dicho, el origen del carnaval no tiene nada que ver con el cristianismo, sino que es más bien algo antagónico con lo que el Señor Jesucristo nos enseña en su palabra.

Escuchamos decir que los dominicanos vivimos en país cristiano, o que esta es una cultura cristiana, pero en realidad eso es sólo un sofisma, pues en la práctica esta es una sociedad infiel, incrédula, idólatra y pervertida. Esta es una sociedad que vive pensando sólo en el placer y la “gozadera”, y que se precia de ser dizque muy alegre. Somos tan alegres que de tanto serlo, hemos quedado idiotizados respecto de nuestra propia realidad espiritual, social y política. Este concepto de que somos un país alegre está siendo utilizado por los políticos para mantener la nación anestesiada. Tenemos un colmadón en cada esquina, un lugar donde la gente exhibe su poca vergüenza y su falta de escrúpulos en el vicio, un lugar irreverente que amenaza la decencia, la paz y la quietud del vecindario, y que sin permiso de nadie es como si nos acogotase día y noche con sus ruidosas bocinas de muerte. Esta sociedad así es la que auspicia el carnaval, y la que diciéndose a sí misma cristiana, va a la iglesia solamente cuando se muere alguien.

Esa gente que desdeña la iglesia es la que abarrota los lugares de bacanales cada día, la que amanece de fiesta en fiesta olvidada de Dios. Esas gentes son las que piensan que hemos avanzado mucho en el arte y la cultura. Esa gente es la que quiere que los creyentes vayan y participen con ellos en sus carnavales.

El carnaval no hace honor a Cristo, sino a otra persona indeseable, al dios de este siglo, al diablo. Entonces, el carnaval no es una fiesta cristiana, sino todo lo contrario. Entonces lo mejor que puede hacer la familia cristiana es alejarse de este tipo de actividades, y no prestarse de ninguna manera para participar de esta fiesta pagana. En este punto quisiera que leamos lo que nos dice el apóstol Pablo acerca de cómo debemos ver las cosas de este mundo, sobre todo cuando nos damos cuenta que la venida del Señor está cerca: “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7:29-31).

2.- El Carnaval No Es Una Fiesta Para Cristianos.

Los cristianos tenemos que andar con cuidado en este mundo. Recordemos que estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Juan 15:19). Esto significa que hay cosas del mundo en las que no podemos participar. He escuchado a una hermana comentar que en La Vega hay una hermana cristiana que es modista y es la que se encarga de hacer los disfraces con los que muchos de los participantes en esta fiesta se visten. Posiblemente para esta hermana es malo participar del carnaval, pero no está mal hacer los disfraces con los que la gente se viste en el carnaval. Esto me recuerda al hermano pentecostal que criticaba a la hermana de la iglesia que usaba pantalones, pero él no reparaba en los pantalones de mujeres que vendía en su tienda. O sea, mientras no sean afectados mis intereses, esto o aquello está bien.

Las personas del mundo quieren vernos haciendo lo que ellos hacen, y tratarán de arrastrarnos a sus actividades pecaminosas. Los jóvenes cristianos son los que se verán más sometidos a fuertes presiones departe de sus amigos y compañeros de escuela. Pero es necesario que seamos fieles al Señor en medio del mundo. Recordemos las palabras de nuestro Señor advirtiéndonos de nuestra situación con respecto al mundo y nuestro trato con las gentes del mundo: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:18,19). Si nosotros les acompañásemos a ellos en las cosas malas que ellos hacen, entonces seríamos bien vistos y aceptados ampliamente; pero eso significaría desobedecer al Señor, cosa esta que nos acarrearía gran tristeza y frustración, lo cual no es conveniente ni saludable espiritualmente.

Para reducir las presiones del mundo respecto de sus prácticas impías, es preferible tener mucho cuidado con el tipo de amistades que elegimos, y si es necesario, debemos apartarnos de aquellas personas que no respetan nuestras convicciones. En el caso de los jóvenes cristianos, lo mejor es que el círculo íntimo esté compuesto por jóvenes que tengan sus mismas convicciones. Esto no significa que vamos a dejar de tener trato con otras personas, pues es necesario que de alguna manera nos acerquemos a aquellos a los que anhelamos atraer al Señor.

Todo aquello en lo que nos sentiríamos avergonzados de participar frente a nuestro Señor Jesucristo, no deberíamos participar de ello, aunque esto implique el parecer ridículos y fuera de época. Recordemos las palabras del apóstol Pedro: “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Lo extraño sería que un cristiano participe del carnaval, no lo contrario. Es bueno saber que el que entra en terreno del diablo, el diablo se lo lleva.

3.- El Carnaval No Es Una Fiesta Simplemente.

Las estadísticas de incidentes que afectan la integridad física y moral de las personas durante este período del año son alarmantes. Porque unido a la celebración del carnaval están las bebidas alcohólicas y las manifestaciones de impudor en los transeúntes, lo que provoca riñas y enfrentamientos violentos que muchas veces terminan en muerte. Esto quiere decir que, lo que estaba determinado a ser supuestamente una simple celebración, entonces se convierte en un pandemónium que afecta la tranquilidad y el sosiego de toda la ciudadanía. Después llega la hora de que el diablo recolecte: Unos van a la cárcel, otros al hospital, y los menos afortunados van al cementerio.

En nuestro país se interrumpe el tránsito, se cierran las calles y se hacen grandes escándalos hasta altas horas de la noche, con altoparlantes a niveles de ruido que son innombrables, sin ninguna consideración (aunque esto último viene siendo el pan nuestro de cada día en este país).

Si algo nos dice la Biblia respecto del carnaval, es que Satanás es el que usa disfraces: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” ( 2 Corintios 11:14).

En el carnaval la gente se disfraza para pasar desapercibida, para ser aunque sea por un instante, la otra persona que le gustaría ser; satisfacer una fantasía. Eso me parece tan infantil. Muchos hombres se disfrazan de mujer, y muchas mujeres se disfrazan de hombre, porque en el fondo les retoza la vagabundearía de ser del sexo contrario, y en el carnaval lo pueden hacer y que pase como un chiste. Pero en el fondo es más que un simple juego, es un deseo reprimido que durante el carnaval sale a flote. El carnaval parece ser el momento en el que los demonios retozan con las veleidades humanas.

Cada vez que la Biblia nos habla de alguna ocasión en que se involucra un disfraz, no ha sido para nada bueno. Podemos hablar del disfraz que le hizo Rebeca a Jacob para hacerse pasar por su hermano Esaú, y de esta manera engañar al padre para que lo bendijera (Génesis 27:15-29). Podemos hablar del disfraz utilizado por el rey Saúl para pasar desapercibido, cuando fue a consultar a la pitonisa de Endor, cuando él mismo había prohibido la práctica adivinatoria (I Samueld 28). Podemos citar el caso de Tamar, que se vistió de prostituta para de esta manera engañar a su suegro Judá para que se acostara con ella (Génesis 38).

El Señor Jesús utilizó una serie de comparaciones que son como disfraces. Respecto de los falsos profetas, dijo que son como lobos vestidos de ovejas: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Habló de los fariseos que son como sepulcros blanqueados: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27).

Hagamos caso a lo que nos dice la Biblia. Cuidémonos de andar en este mundo como verdaderos hijos de luz.

Leandro González

Sermón predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 13 de marzo de 2010.

No hay comentarios: