lunes, 25 de abril de 2011

ALGO ME PREOCUPA

LA COMUNICACIÓN EN REPUBLICA DOMINICANA

En estos días un abuelo escuchaba un programa de radio muy famoso junto a uno de sus nietos. Como es ya una costumbre en ese programa, uno de sus productores soltó una de las suyas. Entonces el niño miró al abuelo y le dijo: -Abuelo, pero ese hombre dijo una mala palabra. El abuelo acarició al niño y comentó en tono triste y preocupado: -Sí mi niño, ese hombre es un malcriado, no debería estar en un medio de comunicación. 

Esta es una  muestra de la descomposición a la que ha llegado nuestro país. Sucede que esa cultura de la grosería verbal se está convirtiendo en una costumbre de todos los días por la radio y por la televisión. Esta es una muestra de la falta de autoridad que existe en nuestro país, pues la entidad encargada de velar por una correcta dicción y por un lenguaje apropiado a la hora de hablar por un medio de difusión pública, brilla por su ausencia. Los medios de comunicación en República Dominicana están en un ámbito de anarquía, donde cada quien dice lo que le parece y como le dé la gana. 

Creo que debemos parar esto. Desde aquí quiero motivar para que enfrentemos con energía esta conducta bochornosa de algunos de nuestros comunicadores. Una persona puede ser un diccionario ambulante y saber mucho de muchas cosas, pero eso no le da derecho a ensuciar los aires con obscenidades a diestra y siniestra, actuando como si fuera un loco, hablando por la radio, tal y como habla en su casa. 

Aquellos comunicadores que se sienten aupados por algunos de sus oyentes, que comulgan con su manera ordinaria de decir las cosas, deberían darse cuenta que no les luce para nada ese estilo, como creo que a nadie en ninguna parte le queda bien una conducta tan antisocial.

Me asombra ver que muchos comentaristas, incluyendo algunos que se precian de ser muy religiosos, le hacen el juego a este tipo de comunicadores, imitando desde las malas palabras, hasta los sonidos asquerosos que uno tiene que escuchar.

Esta forma de hablar, sin ninguna regla ni norma, es propio de una sociedad decadente. El uso de un lenguaje vulgar es propio de una sociedad violenta como la nuestra, y esto es algo que debemos cambiar. Nadie debería tener patente para comportarse de manera imprudente al través de ningún medio de comunicación, ¡Nadie! Aunque sea alguien con un nombre muy sonoro o que esgrima como derecho sus años de trabajo, o  sus canas; más bien esto debería ser motivo para todo lo contrario, para exhibir una conducta temperante y ejemplar. 

Para ser comunicador se requiere ser confiable, ameno y agradable. Y esto no implica que no se puedan decir las cosas con cierta reciedumbre cuando sea necesario, pero siempre se debe guardar la compostura, y recordar que estamos enseñando a nuestros oyentes. 

LEANDRO GONZALEZ
LOCUTOR N0.9405

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