domingo, 17 de julio de 2011

MENSAJE DOMINICAL - POR LEANDRO GONZALEZ - PASTOR DE LA PRIMERA IGLESIA BAUTISTA DE MAO - REPUBLICA DOMINICANA

LAS SECTAS Y LA PERSONA DE JESUS
2 Corintios 11:4

¨Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis¨.

Hoy vamos a comentar acerca del problema que presentan las sectas llamadas cristianas con la persona de Jesús. Una de las características distintivas de las sectas es precisamente presentarnos otro Jesús muy diferente del que encontramos en la Biblia.

¡Qué difícil le resulta a la mayoría de la gente aceptar al Jesús verdadero, y qué fácil aceptan a un Jesús falso! A un Jesús falso nadie lo cuestiona, pero al Jesús verdadero lo quieren poner en duda todo el tiempo. Y esto ha sido así desde siempre, pues cuando Jesús apareció en Israel, nos dice la Biblia que fue rechazado por los suyos (su pueblo) y fue rechazado por el mundo: ¨En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron¨ (Juan 1:10,11).

Veamos de qué Jesús hablan las sectas:

1.- Las Sectas Hablan de un Jesús Sin Divinidad.

Esto significa que es meramente un ser humano, y en ese sentido entonces sería un hombre pecador como nosotros. De ese Jesús no podemos tener ninguna esperanza.

Algunos con influencias gnósticas, han echado a andar un rumor que dice, que Jesús no murió en la cruz, sino que fue bajado de la cruz y que huyó a Cachemira, una ciudad de la India, donde supuestamente se casó y tuvo hijos, y que sus restos descansan en una tumba allí. Pero la Biblia nos dice que Jesús murió en la cruz, que resucitó al tercer día, y que luego ascendió al cielo, de donde vendrá por segunda vez a la tierra. El evangelio se resume precisamente en estos acontecimientos acerca de la vida y obra de Jesús: ¨Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras¨ (I Corintios 15:3,4). Cualquiera persona que crea esto de corazón, será salva.

La Biblia nos dice que Jesús es Dios. El no era un dios como creen los mormones, sino que él es Dios hecho carne. Si Jesús no era Dios, entonces él no pudo haber hecho todo lo que hizo. Si Jesús no era Dios, entonces todo lo que él dijo acerca de él mismo no era verdad, y tendríamos que concluir que era tremendo mentiroso, cosa que es imposible de decir, debido a la arrolladora prueba de su honestidad.

Es por causa de todas esas malas enseñanzas que la Biblia nos aclara enfáticamente lo siguiente: ¨Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad¨ (Colosenses 2:9). Es por esto que Jesús mismo le decía a uno de sus discípulos lo siguiente: ¨Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?¨ (Juan 14:9). Y es magistral la confesión del incrédulo Tomás que exclamó al comprobar la resurrección de su Maestro: ¨Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!¨ (Juan 20:28).

No hay dudas, la Biblia afirma enfáticamente la deidad de Jesús, lo cual demuestra que las consideraciones de las sectas están descartadas.

2.- Las Sectas Hablan de un Jesús Astral.

Esta es una influencia de las religiones orientales, tales como el hinduismo y el budismo. Pero no es nada nuevo, pues desde el principio muchos trataron de poner en duda que Jesús fuera una persona física. Creer esto es decir que él no sufrió en la cruz, y que entonces estaba fingiendo, nada más lejos de la realidad.

El sufrimiento de Jesús empezó mucho antes del día en el que él fue crucificado. Si usted supiera desde niño que ha nacido para morir de la manera como murió Jesús, eso sólo sería suficiente para que se volviera loco. Sin embargo, vemos que Jesús mostró siempre todo el perfil de una persona normal. Esto Habla de su gran capacidad que supera a la de un ser humano normal.

Al decir que Jesús era una manifestación astral, se quiere decir que Jesús no tenía un cuerpo real, que era una especie de espíritu. La Biblia nos advierte acerca de los que niegan la encarnación de Jesús: ¨En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo¨ (I Juan 4:2,3).

La verdad es que Jesús nació como un ser humano cualquiera, vivió como un ser humano cualquiera, murió como un ser humano cualquiera, y fue el primer ser humano en resucitar de entre los muertos con un cuerpo glorificado: ¨Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho¨(1 Corintios 15:20).

Algunos como los llamados testigos de Jehová dicen que Jesús no resucitó con un cuerpo físico, sino que era un cuerpo astral, esto niega en sí la resurrección misma, ya que la resurrección tiene que ver con un cuerpo que se levanta de entre los muertos. Fue por esto mismo que cuando él resucitó les demostró a sus discípulos que su cuerpo resucitado era real y que no era un espíritu: ¨Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo¨ (Lucas 24:39).

El cristianismo se sustenta en la resurrección de Jesús. Por este motivo, Pablo escribió todo un tratado acerca de este tema en I Corintios 15 planteando su tesis acerca de la veracidad y la contundencia de la resurrección de Jesús.

3.- Las Sectas Hablan de un Jesús Disminuido.

Las sectas nos hablan de un Jesús que llegó a ser lo que era mediante una serie de aprendizajes y hasta de magia. Por eso algunos enseñan que durante el lapso de la vida de Jesús desde los doce a los treinta años, él estaba aprendiendo en la India, preparándose, para luego manifestarse como lo hizo en Israel. Pero Jesús vino del cielo preparado, no necesitó que nadie le enseñara nada. El se subordinó por su propia cuenta, en obediencia al Padre Dios, para someter su vida al sufrimiento en favor de todos nosotros, como nos lo enseña Filipenses 2:5-11. No hay en la historia otra persona que se le parezca ni remotamente.

Las sectas hablan de un Jesús considerado un maestro ascendido. Pero el Jesús de la Biblia no llegó a ser, sino que siempre ha sido: ¨En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios¨ (Juan 1:1,2).

El Jesús de la Biblia es uno que no puede ser igualado. Ningún ser humano, en muchas vidas (si esto fuera posible), no lograría nunca alcanzar la estatura de Jesús, porque este Jesús no es el producto de la inteligencia humana, sino que es el Hijo de Dios, perfecto por naturaleza.

Aunque Jesús era el hijo de María, pero sólo lo era en su humanidad, de ninguna manera en su divinidad.

El reconocimiento de Juan el bautista respecto de Jesús, al decir que él no era ¨digno ni siquiera de desatar la correa de su calzado¨, nos indica que para Juan, Jesús no era meramente un ser humano, sino que el ¨Jesucristo hombre¨ del que nos habla 1 Timoteo 2:5, es Dios encarnado.

Pero las sectas quieren a un Jesús a imagen y semejanza del hombre, no a la imagen de Dios. Lo quieren disminuido, para de esta forma poderlo adaptar a sus pretensiones demoniacas de tener un ser que responda a su imaginación torcida.

Jesús no es el producto de la imaginación de alguien, sino que él es la persona de Dios que vino a este mundo de manera visible y palpable, el único que nos puede salvar.

En Jesús vemos a Dios hecho hombre, pero no disminuido, sino sujeto a la condición humana, porque era la única manera como podía redimir al hombre. Él era el único que tenía la facultad de poner su vida y volverla a tomar, de otra manera se hubiera quedado en la tumba fría sin remedio alguno para la humanidad: ¨Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre¨ (Juan 10:17,18).

Sigamos creyendo en el Jesús que nos presenta la Biblia y no en el Jesús que nos presentan las sectas.

Leandro González

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 17 de julio de 2011.

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